El estrés es el primero en esta lista por una buena razón: los niveles de estrés más altos elevan los costos asociados a índices de ausentismo hasta en un 19%, los costos por discapacidad en un 30% y los costos de facturación hasta en un 40%. Además, los problemas de salud mental derivados del estrés también son el origen detrás del 85 % de las reclamaciones de incapacidad a largo plazo. Tal como lo muestra la encuesta sobre el tema realizada en Canadá.
Más allá del costo laboral que implica para empresas -por la indudable afectación en rendimiento, productividad, compromiso, cumplimiento de objetivos, costos, tanto a nivel de individuo como de empresa-, y para sistema de salud, por los costos de incapacidades y tratamientos de enfermedades derivadas, más allá de las cifras y estadísticas está la realidad que vivimos día a día, el sufrimiento humano, la baja calidad de vida, familias divididas, niños creciendo solos o maltratados, soledad, ansiedad, angustia…en fin, mil y un consecuencias negativas a partir de situaciones laborales de estrés mal manejadas o desbordadas.
La pregunta es cuándo los responsables de recursos humanos, las empresas y los estados afrontarán esta “epidemia” y tomarán medidas realmente efectivas al respecto. Pero mientras esto sucede, nos corresponde a cada uno de nosotros identificar el nivel de estrés, las consecuencias en nuestro cuerpo y en nuestra vida, y tomar medidas efectivas que nos recuperen el disfrute del trabajo, la salud física y emocional, el equilibrio y la vida misma!

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