El término estrés se usa desde 1950 cuando Hans Selye, un fisiólogo austriaco, observara síntomas comunes en sus pacientes como pérdida del apetito, baja de peso y fatiga extrema, a pesar de sufrir distintas enfermedades y los relacionó con metales que se destrozan por la presión que ejerce un cuerpo sobre otro.
Existe un mecanismo, conocido como la respuesta de "lucha o huida", la respuesta natural del cuerpo ante el estrés, que en nuestros antepasados representaba la sobrevivencia. Cuando se recibe una señal de amenaza, ya sea un mamut que ataca o un jefe que exige, el cuerpo se prepara para la acción con la secreción de hormonas: Tensa los músculos, el corazón late más rápido para bombear más sangre a los músculos, vierte azúcar en la sangre y las pupilas de los ojos se dilatan para una máxima visión. Al mismo tiempo, las funciones no esenciales tales como la digestión de los alimentos, se desconectan temporalmente. A medida que el cuerpo se prepara para protegerse, la sangre se aleja de la superficie de la piel, como una medida que protege contra la posible pérdida de sangre. Las glándulas sudoríparas se activan para transpirar, con la evaporación resultante el cuerpo se mantiene fresco, mientras que la glucosa se quema para proporcionar energía extra a los músculos.
Para que estas reacciones físicas se den, al interior del cuerpo se presenta un desequilibrio hormonal importante, pues debe desarrollar una gran actividad cerebral y hormonal, en donde están involucrados varios centros separados del cerebro (hipotálamo, glándula pineal, las glándulas suprarrenales, la glándula tiroides, la corteza adrenal, la glándula pituitaria), que envían el mensaje al sistema endocrino para secretar hormonas, como la adrenalina, cortisol y cortisona, testosterona, melatonina. Finalmente, actuando en cada respuesta de estrés están los sistemas nerviosos simpático (SNS) y parasimpático (SNPS), los dos componentes del sistema central, que controla toda la red nerviosa del organismo.
Existe un mecanismo, conocido como la respuesta de "lucha o huida", la respuesta natural del cuerpo ante el estrés, que en nuestros antepasados representaba la sobrevivencia. Cuando se recibe una señal de amenaza, ya sea un mamut que ataca o un jefe que exige, el cuerpo se prepara para la acción con la secreción de hormonas: Tensa los músculos, el corazón late más rápido para bombear más sangre a los músculos, vierte azúcar en la sangre y las pupilas de los ojos se dilatan para una máxima visión. Al mismo tiempo, las funciones no esenciales tales como la digestión de los alimentos, se desconectan temporalmente. A medida que el cuerpo se prepara para protegerse, la sangre se aleja de la superficie de la piel, como una medida que protege contra la posible pérdida de sangre. Las glándulas sudoríparas se activan para transpirar, con la evaporación resultante el cuerpo se mantiene fresco, mientras que la glucosa se quema para proporcionar energía extra a los músculos.
Para que estas reacciones físicas se den, al interior del cuerpo se presenta un desequilibrio hormonal importante, pues debe desarrollar una gran actividad cerebral y hormonal, en donde están involucrados varios centros separados del cerebro (hipotálamo, glándula pineal, las glándulas suprarrenales, la glándula tiroides, la corteza adrenal, la glándula pituitaria), que envían el mensaje al sistema endocrino para secretar hormonas, como la adrenalina, cortisol y cortisona, testosterona, melatonina. Finalmente, actuando en cada respuesta de estrés están los sistemas nerviosos simpático (SNS) y parasimpático (SNPS), los dos componentes del sistema central, que controla toda la red nerviosa del organismo.
Toda este intrincado sistema, intercomunicado e interdependiente, funciona en perfecta armonía bajo condiciones normales, pero se desequilibra ante una exposición permanente a estímulos estresores, pues el cuerpo humano está diseñado para lidiar con el estrés en un momento específico del día, pero si el estímulo que lo dispara aumenta en intensidad o se mantiene en un nivel constante, se recurre a una contracción muscular instintiva y frecuente, lo que da lugar a una recarga de excitación, y cansancio permanente, seguido por sensación de temblor, nerviosismo.
Aparecen entonces los problemas del sueño y sólo es cuestión de tiempo antes de que tengamos un espasmo muscular crónico, en un lugar sensible como el cuello o la espalda baja, cefalea tensional, o lumbago en la cadera. Por preparamos para luchar, al tensionar el cuello y los hombros, y para correr, al tensionar las caderas y la espalda baja. Luego, van surgiendo otras enfermedades, de acuerdo con cada organismo, complicaciones cardiacas, mentales, inmunes, respiratorias, emocionales, colon irritable, úlcera péptica, gastritis, derrames...
Por este motivo es tan importante comprender la importancia de devolver a nuestro cuerpo la armonía y paz interior, pues sin duda se reflejará en nuestra salud física, mental, emocional y espiritual. Nunca es tarde para empezar, pero es mejor hacerlo cuanto antes.
Date
a tu cuerpo el regalo de retomar su armonía interior!

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